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El Centro Histórico de la Ciudad de México y sus retos en el siglo XXI

 

Con un origen mítico, tanto en su génesis azteca como en su trazado y construcción novohispana, su condición de ciudad lacustre y centro de poder marcó un destino que tuvo un crecimiento y desarrollo constante, que lo fue regenerando paulatinamente en cuanto a sus condiciones de servicio e infraestructura hasta que la dinámica nacional rebasó los límites de sus capacidades y sufrió, durante los años de la posguerra Mundial, un proceso progresivo de expulsión de actividades hacia la megalópolis de la Ciudad de México, la cual adquiría un carácter policéntrico. La importancia del CHCM como símbolo de la identidad nacional era indiscutible y fue acentuada, con las más ambiciosas obras de infraestructura, como fueron las vialidades rápidas, el mercado de La Merced, la red eléctrica subterránea, el drenaje profundo y el sistema de transporte colectivo Metro, instalaciones que reafirmaron el status del sitio como sede del poder político del país. El desarrollo económico de la segunda mitad del siglo XX impulsó importantes proyectos de arquitectura funcionalistas que se implantaron donde existieron casonas virreinales; los planteamientos racionalistas de integración formal pudieron ser ejecutados allí, lo que conformó un entorno edilicio de gran variedad.

El inesperado descubrimiento de la Coyolxahuqui, en 1978, generó enérgicas acciones que transformaron el tejido urbano del área circundante al Zócalo, destruyendo varias manzanas para encontrar debajo de sus vestigios otra ciudad, que también estaba allí, en el propio Centro Histórico de la Ciudad de México: la antigua Mexico-Tenochtitlan, la capital del imperio mexica que había sido conquistada a sangre y fuego en 1521 por Hernán Cortés.

En 1980, de acuerdo con la legislación mexicana en la materia1, se decretó como Zona de Monumentos Históricos al Centro Histórico de la Ciudad de México2. Esta zona, de 9.1 km2 de extensión nominativa, está organizada en un Perímetro A de aproximadamente 3 km2, correspondiente al territorio ocupado por la ciudad desde su fundación en 1325 y su desarrollo hasta 1830, y un Perímetro B que abarca la delimitación geográfica de su expansión desde 1830 hasta 1900. El decreto declara alrededor de mil setecientos inmuebles como monumentos históricos, de los que un 30% son de propiedad pública, y el 70% restante son propiedad privada3. Los grandes edificios monumentales, como el Palacio Nacional y la Catedral, así como las iglesias y antiguos conventos hoy transformados en sede de instituciones públicas, constituyen por su masividad y protagonismo arquitectónico, el gran corpus edilicio del CHCM, pero representan en el tejido urbano la cantidad menor de inmuebles. Por ello, podemos decir que el mantenimiento de la imagen en general de los inmuebles del CHCM ha dependía de la contundencia de las acciones de la iniciativa privada.

Los sismos de 1985 marcaron un hito en el proceso descrito pues pusieron en evidencia los rezagos que el desarrollo urbano y social de la ciudad había generado como consecuencia de tres décadas de grandes obras. Más que la atención a los aspectos de monumentalidad, se hizo imperativo dar una respuesta efectiva al mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes, que en los más de los casos, vivían ahí porque no tenían otro lugar donde hacerlo. Como también fueron afectados edificios que servían como fuentes de empleo, muchos habitantes tuvieron que salir en busca de trabajo y, como consecuencia, el despoblamiento adquirió proporciones mayúsculas. La respuesta para hacer frente a las carencias en materia de calidad y cantidad de vivienda en las zonas afectadas, especialmente en el área central de la ciudad, puestas de manifiesto por los sismos, tuvo un impacto importante en la reactivación económica de la ciudad. El CHCM recuperó la atención en cuanto a la reconstrucción, y las propuestas para habilitar nuevas viviendas ofrecieron alternativas imaginativas que lograron cubrir las exigencias de una población desposeída. Por otro lado, los efectos del terremoto alcanzaron a la mayor parte de los inmuebles de mayor altura, construidos entre los años sesenta y setenta. En muchos casos, tuvieron que ser demolidos, y en otros, fueron recortados, acción que tuvo como resultado que la altura general de las edificaciones del Centro Histórico fuera más homogénea, ciñéndose a proporciones más apegadas a la morfología urbana vigente hasta finales del siglo XIX. Como señal de apoyo y solidaridad a estas acciones de reconstrucción, la UNESCO inscribió al Centro Histórico de la Ciudad de México en la Lista del Patrimonio Mundial en diciembre de 1980, junto con Xochimilco, por ilustrar ambos sitios el proceso conjunto de aprovechamiento de un medio geográfico lacustre transformado ingeniosamente en suelo agrícola, en un primer momento, y urbano después, hasta llegar al resultado mostrado en el tejido urbano del CHCM.

 

Figura 1. Foto aérea del centro de México
Figura 1. Foto aérea del centro de México

 

La cualidad de centralidad geográfica del CHCM y su conectividad con el resto de la ciudad mediante los medios de transporte público, fue aprovechada para reforzar su carácter como sede de venta de mercancías baratas que podían ser adquiridas en la calle; imposible olvidar que en la última década del siglo XX la nación mexicana fue escenario de recurrentes crisis económicas, que obligaron a los pobladores a recurrir a medios marginales para subsistir. En este ambiente, durante 1997, la Ciudad de México logró instituir su primer gobierno electo democráticamente de forma directa, y a la vez, asumir la necesidad de reinventar las formas de concebir la ciudad, especialmente, el papel que para ésta representaba su Centro Histórico.

Los primeros años de la nueva gestión se dedicaron a la realización de estudios y análisis que permitieran consolidar una idea muy clara acerca de la situación que prevalecía, y crear una plataforma sólida de donde desplantar las acciones. El primer paso fue generar el esquema normativo que impulsara una transformación efectiva: el Plan Parcial del CHCM4, en el que se plantearon políticas y áreas específicas de actuación. Sin embargo, el estatuto de gobierno del Distrito Federal, producto de las negociaciones políticas para hacer posible la transición democrática de la ciudad, acarreó dificultades administrativas y de operación para lograr un verdadero control del territorio urbano, tema que se hizo evidente en la severa dificultad de controlar la operación y servicios urbanos, como el mantenimiento de pavimentos y banquetas, la iluminación, y la ocupación abusiva del espacio público para ejercer el comercio ambulante, especialmente en las calles, plazas y jardines del Centro Histórico. El panorama era, por decir lo menos, desconsolador: la ocupación de las calles por los comerciantes ambulantes y por su clientela, hacía imposible evaluar el deterioro de las fachadas de los inmuebles, lo mismo que la situación de las calles, banquetas y guarniciones; era imposible hacer reparaciones a los postes de alumbrado público para cambiar luminarias, ni siquiera situarse en la vía pública sobre las trayectorias de las redes de drenaje o agua potable para hacer reparaciones. El bullicio de la calle afectaba al comercio establecido y sobre todo, la accesibilidad y libre tránsito. Los habitantes del CHCM huían ante la carencia de condiciones de habitabilidad: en el espacio público, banquetas, calles, plazas y jardines, prevalecía la actividad comercial y el ruido; en los inmuebles, prácticamente inaccesibles desde la vía pública, los pisos superiores eran despojados de puertas, cocinas y muebles de baño para aprovecharlos como almacenes y bodegas, mientras que las plantas bajas ocupadas al máximo, competían por ganar la atención de los posibles clientes.

A principios del nuevo milenio, se generó una iniciativa ciudadana que, reconociendo lo difícil y complicado de la situación, convocó al gobierno tanto local como federal y a recias personalidades del ámbito civil para integrar un grupo que encabezara el rescate del Centro Histórico, que pudiera arrancar el proceso de revertir las condiciones señaladas: el Consejo Consultivo para el Rescate del Centro Histórico. La actuación dio inicio en varios planos, entre los que más adelante destacaré los problemas técnicos, urbanísticos y político-sociales. Para entender la dinámica de actividad en el CHCM, debe considerarse que en 1990 fue instituido el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México como una instancia privada dedicada a promover la colaboración entre particulares y autoridades con el objetivo conjunto de mejorar las condiciones prevalecientes en ese territorio. En 2001, el Fideicomiso fue convertido en un organismo público descentralizado del Gobierno del Distrito Federal, aunque conservó varias de sus capacidades originales, como la posibilidad de atender con sus recursos, inmuebles de propiedad tanto pública como privada. Las complejidades administrativas para conducir la gestión de la Ciudad de México, con más de 8.5 millones de habitantes, pero sitio de vida de casi 20 millones provenientes de la Zona Metropolitana del Valle de México (SEDESOL, CONAPO, INEGI 2004), condujeron a la creación en 2007 de la Autoridad del Centro Histórico, como órgano de apoyo a las actividades de la Jefatura de Gobierno en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Así, fue posible coordinar las actividades de las diferentes agencias y secretarías, antes dispersas, para enfocar sus acciones hacia metas específicas para el CHCM y obtener resultados planificados. Por ejemplo, el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad PUEC, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México, creó el Seminario Permanente Centro Histórico de la Ciudad de México, cuyas sesiones mensuales reunieron a los más destacados especialistas para tratar bajo distintos puntos de vista la problemática del sitio

La calificación de sitio inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial implica una serie de responsabilidades entre la que destaca la rendición de informes periódicos de gestión. Para el CHCM este requisito venía siendo cubierto de forma aleatoria pues desde 1987, año de inscripción, no se contaba con un plan de largo alcance que permitiera dar seguimiento a las metas y objetivos planteados para no sólo conservar las cualidades que habían dado motivo a la inscripción, sino también, buscar su mejoría o desarrollo. Durante 2003 y 2004, Xochimilco realizó un amplio estudio que condujo, con apoyo de especialistas de la UNESCO, a la emisión de un Plan de Manejo realizado por medio de talleres participativos. En 2008, entre otras labores, la Autoridad asumió la realización del Plan Integral de Manejo del Centro Histórico, apoyándose en las instituciones académicas con sede en el propio Centro Histórico, así como en los colegios, en diferentes especialistas y profesionales. El Plan fue publicado en agosto de 2011 en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, con lo que adquirió formalidad jurídica. Entre sus objetivos se establecía propiciar la recuperación del equilibrio urbano, social y económico, asegurar la permanencia de los valores del sitio y la eficiencia del sistema urbano y generar mecanismos que vinculen la participación de los diversos agentes del desarrollo. Sus líneas estratégicas fueron enunciadas como: Revitalización urbana y económica, Habitabilidad, Patrimonio, Movilidad, Prevención de riesgos y Vida ciudadana; para cada línea estratégica se consideran la participación de los diferentes agentes, los mecanismos de gestión y la aplicación de indicadores de gestión5. Parte de sus planteamientos fueron la realización de mesas permanentes de coordinación, en las que se revisaba y analizaba de forma semanal los acontecimientos, dándoles el seguimiento debido bajo diferentes temas como Seguridad, Vía Pública e Infraestructura, con la participación de los actores involucrados en cada tema. El resultado se pudo apreciar pronto, pues quedó de manifiesto que la coordinación para cumplir objetivos complejos consiste en su desarticulación en problemas más sencillos, realizando la vinculación entre las varias instancias de las que depende la solución, en lugar de responsabilizar solo a una de ellas.

Los problemas técnicos del CHCM deben mucho a la condición lacustre de origen de su suelo. No sólo por el peso de las edificaciones, que por su distribución en planta genera hundimientos diferenciales, sino por la extracción del agua subterránea que desde finales del siglo XIX ha provocado el hundimiento general de toda la ciudad (Santoyo 1995) a un ritmo de hasta 30 cm. anuales. Además de la deformación de las superestructuras por los hundimientos acumulados, que son tema relevante en la rehabilitación de los edificios, deben tomarse en cuenta los aplastamientos y dislocaciones de las redes subterráneas, que después de los sismos de 1985 no habían sido rehabilitados. Durante los trabajos realizados de 2002 a 2004, fue usual encontrar redes de drenaje en contrapendiente, así como tuberías de suministro de agua con fugas importantes que no sólo provocaban el desperdicio del vital líquido, sino que generaban encharcamientos y cavernas, como la que surgió en agosto de 2013 al poniente de la catedral metropolitana. El arranque de las obras de rehabilitación de la infraestructura del CHCM, en 2000, marcó el inicio del cambio cualitativo.

En referencia a la problemática urbanística, sólo tocaré los temas desarrollo inmobiliario, infraestructura y relación Ciudad-Centro Histórico. Para hacer frente al desarrollo inmobiliario del CHCM, se buscó impactar la transformación del gran conjunto inmobiliario de propiedad privada cuya situación se encontraba estancada porque para asignar financiamiento en México, los inmuebles con más de treinta años de antigüedad no son aceptados en garantía hipotecaria. Si se toma en cuenta que los últimos edificios que se construyeron en el CHCM datan de antes de la Ley Federal de Zonas y Monumentos del año 1972, prácticamente ningún inmueble es elegible para obtener financiamiento hipotecario. El resultado era un parque inmobiliario deteriorado, con instalaciones obsoletas o en un estado de franco abandono. Para hacer frente a esta problemática se implementó un plan de rescate en el que la iniciativa privada recibió estímulos para adquirir los inmuebles de los propietarios desalentados o sin los medios para intervenirlos, a condición de iniciar de inmediato las obras necesarias para lograr su rescate. Mientras se hacían estudios sobre las condiciones de los servicios urbanos del Centro Histórico, se intervinieron los edificios y se generó nueva oferta tanto de vivienda en renta como de locales comerciales.

La primera zona en ser rehabilitada fue la llamada Zona Dorada o Sector Financiero, ubicada al poniente de la Plaza de la Constitución o Zócalo capitalino. Fue una decisión muy criticada por ser ese el territorio que tradicionalmente había recibido atención; sin embargo, las acciones anteriores habían estado dirigidas hacia el arreglo de la imagen, no de la infraestructura, por lo que éste fue asumido como un tema prioritario. Cuando dio inicio la rehabilitación de la infraestructura, trabajos que por su alto impacto sobre la actividad comercial de la zona, habían sido postergados por décadas, la participación de los grupos ciudadanos de apoyo a la rehabilitación jugó un papel crucial que logró minimizar los efectos de limitar la circulación peatonal (porque se abrían calles y banquetas para sustituir tanto las redes de drenaje y las tuberías de agua potable, como las líneas subterráneas de telefonía y fibra óptica). Evidentemente, durante las excavaciones indispensables para estos trabajos hubo hallazgos arqueológicos interesantes, los restos de cuatro fuentes esculpidas con motivos mitológicos hallados en una antigua acequia o vía fluvial mexica cegada a mediados del siglo XVIII, bajo la calle 16 de Septiembre6.

 

Figura 2. Plano de Condiciones Patrimoniales. Centro Histórico de la Ciudad de México
Figura 2. Plano de Condiciones Patrimoniales. Centro Histórico de la Ciudad de México

 

La relación Ciudad - Centro Histórico es un tema de amplia discusión, que no había podido encontrar un cauce adecuado para organizar el engranaje conceptual que condujera a un planteamiento satisfactorio. El Centro Histórico, con sus 9.1 km cuadrados de superficie, representa sólo 0.6% del territorio del Distrito Federal (mil 500 km2); sin embargo, se afirma que "la Ciudad de México, es la extensión de su Centro Histórico", esta pequeña porción otorga la calidad significativa a la ciudad entera. Como desde hace más de medio siglo, esta ciudad se convirtió en una urbe policéntrica en la que el Centro Histórico fue perdiendo importancia y reconocimiento. El punto crucial fue identificar sus cualidades, admitir las limitaciones de sus características y condicionantes, desechar utopías que aunque deseables fueran imposibles de realizar, y aceptar retos para lograr una nueva conceptualización7. Su más importante cualidad: la carga simbólica que le confiere ser la capital de una nación, con míticos orígenes y la posibilidad de ser un modelo de identificación que trascienda las identidades nacionales de este tiempo. Así mismo, ser sitio de encuentro de las culturas oriental y occidental, lugar de fusión de razas distintas, sitio de avanzada y re simbolización de la cultura occidental frente a otros modelos autóctonos fundidos en fecundo mestizaje. Aceptar su estratégica ubicación en referencia a la ciudad entera, con una red de transporte público en funcionamiento que le confiere adecuadas cualidades de comunicación. Contar con equipamiento eficiente, desde lo gubernamental, administrativo, financiero y bancario, hasta lo comercial, cultural, de salud y entretenimiento, dispuesto en calles bien trazadas, organizadas en un sistema de plazas y jardines que hacen atractivos los recorridos. Ser identificado como un sitio entrañable por toda la población, tema relevante porque ni el 30% de la actual población tiene su origen en la Ciudad de México.

Las limitaciones eran la imposibilidad de una reconstrucción masiva, la escasa capacidad de transformación en cuanto a su volumetría y la virtual imposibilidad de entrar a un proceso de redensificación o crecimiento inmobiliario debido a las condiciones del subsuelo. Así mismo, por poseer una inercia de uso y actividades vinculada con pobladores tradicionales que son inseparables del carácter histórico del propio Centro Histórico. Paradójicamente, estas limitaciones demostraban ser la fortaleza que confería valor y reconocimiento al CHCM como patrimonio mundial, cultural y natural.

La utopía monumentalista de convertir el CHCM en un área exclusiva y de contemplación fue desechada ante la necesidad de aprovechar la vitalidad inherente al destino tradicional que era reconocido secularmente: el comercio y la fiesta, el trabajo y la celebración, en un ambiente edificado capaz de ofrecer gran variedad de escenarios a una sociedad multicultural como la mexicana, en constante expansión y transformación con la inclusión de nuevas corrientes de inmigrantes de otras latitudes, reactualizando, en especial, la vinculación entre los países del oriente con los de occidente.

La conceptualización detonante fue aceptar los retos siguientes, llevarlos a cabo en el territorio emblemático del CHCM. Primero, brindar no sólo la seguridad necesaria en una zona urbana, sino recuperar la sensación de seguridad tan importante para la vida cotidiana de los habitantes y visitantes; para ello se reorganizó el esquema administrativo de la policía, y se instrumentó el sistema de vigilancia reforzado con cámaras seguridad. Se implementó "...el rescate de la política social, la ambiental, la del ocio, la de la movilidad y la de la obra pública como herramientas al servicio de una convivencia más sana, equilibrada, alegre y civilizada"8 para toda la ciudad. Así, el CHCM se convirtió en la mesa de ensayo, en la punta de lanza, en el sitio de la innovación, de la experimentación y de la propuesta, donde se exploraban las nuevas posibilidades, fuera de transporte eléctrico, de iluminación solar, de arreglo del espacio público, de espacios de convivencia festiva de calidad, con exposiciones artísticas o actividades recreativas como pista de hielo, atractivos de carácter público y masivo.

La obra pública fue dirigida en varios sentidos: se favoreció un eje vial prioritario confiriéndole una calidad Cero Emisiones, con transporte público no contaminante, en un recorrido norte sur a lo largo de la ciudad, con paso por el extremo poniente del Centro Histórico. Así mismo, se rehabilitaron las redes de infraestructura de otras áreas del CHCM que no habían sido intervenidas desde que se implementaron las redes modernas en el primer tercio del siglo XX; se intervino la zona sur poniente, y parte de la sur oriente, aprovechando también la transformación del espacio público. Una vez arregladas las redes de agua potable y drenaje, lo mismo que las de telefonía y fibra óptica, fueron repuestos los acabados de las calles y banquetas, pero con una transformación cualitativa de relevancia, ampliando las secciones de las banquetas y reduciendo la dimensión de los arroyos viales. El espacio público tuvo una transformación de gran impacto en la percepción de la población, se hizo evidente que en el CHCM era más importante que caminaran seguros los peatones, a que circularan velozmente gran cantidad de autos. Como acción final, se arregló la imagen urbana de las calles intervenidas, tanto con el remozamiento de las fachadas como con el retiro de anuncios y letreros de publicidad fuera de norma que, en muchos casos, llevaban más de cuarenta años de haber sido colocados y por inercia se habían convertido en la imagen urbana del Centro Histórico. El sistema de plazas y jardines del CHCM fue atendido devolviéndole las condiciones de habitabilidad perdidas por años de descuido; los pavimentos, fuentes y áreas de jardín fueron repuestos asumiendo estándares de accesibilidad 100%. Esta transformación y rescate del espacio público y de la fisonomía y calidad visual del Centro Histórico se logró por medio de una interacción directa con los habitantes, locatarios y usuarios de los inmuebles situados en las calles intervenidas, asociados en grupos vecinales, para hacerlos corresponsables en el mantenimiento. La interconexión urbana del CHCM fue mejorada por medio del transporte público no contaminante, y dos calles de circulación oriente poniente fueron recalificadas, convirtiéndolas de uso exclusivo del transporte público Metrobús Línea 4, con vehículos de cama baja para dar servicio en estaciones de bajo impacto visual, acordes con la calidad arquitectónica, espacial y social del Centro Histórico. El diseño y localización de los trayectos de esta ruta, vincularon dos estaciones de ferrocarriles que sirvieron a la ciudad hasta las primeras décadas del siglo XX, ubicadas una al oriente (estación Buenavista) y otra al poniente de la ciudad (antigua estación de San Lázaro), que habían perdido conectividad urbana. Esta ruta de Metrobús se extendió hasta el Aeropuerto Internacional, vinculando así, de forma eficaz, este importante destino, descuidado hasta ese momento.

La transformación más importante ha sido, desde mi punto de vista, lograr que el espacio público del CHCM haya generado un modelo distinto de entender en la ciudad, tomando la movilidad como estrategia central pues favorece más a los peatones, y brinda acceso cómodo y seguro por medio del transporte público amigable con el ambiente. Con un esquema de movilidad peatonal se logró impactar favorablemente el restablecimiento de la vida de barrio en un área anteriormente desfavorecida y anodina: el corredor peatonal Regina, que obtuvo pronto un importante reconocimiento entre los pobladores y visitantes como un modelo alternativo, pero profundamente tradicional en el sentido de convivencia cotidiana. Este primer logro fue replicado en la zona el oriente del Centro Histórico, aprovechando el sistema de plazas característico de esta área, con el corredor Talavera-Alhóndiga-Santísima, que impactó favorablemente esta zona, donde los propios habitantes asumieron la responsabilidad de cambiar el aspecto de otras calles adyacentes, siguiendo el modelo de calle peatonal con atención especial en la colocación de mobiliario urbano y arbolado. El proyecto de generar un anillo de movilidad peatonal en el tejido del Centro Histórico fue consolidándose con otras intervenciones como el corredor peatonal Madero, que logró no sólo un altísimo impacto entre los habitantes y visitantes, sino el reconocimiento institucional por sus cualidades de diseño urbano. Hacia la zona norte del Centro Histórico, la Plaza Garibaldi, zona reconocida mundialmente como sede del tradicional Mariachi, asociada a la festiva celebración muy mexicana de música y tequila, también fue objeto de atención, haciendo frente a los problemas sociales y de seguridad, para transformar el espacio público, generando una nueva forma de entender el sitio por medio del Museo del Tequila y del Mezcal. El corredor peatonal que comunica Garibaldi con la calle peatonal Madero, a través de calles y plazas que ofrecen un interesante recorrido, independiente de las avenidas de tránsito vehicular, viene a complementar el circuito peatonal.

 

Figura 3. Vista del Centro Histórico de la Ciudad de México
Figura 3. Vista del Centro Histórico de la Ciudad de México

 

En el espacio público se tuvo cuidado de cumplir con las normas de accesibilidad 100%, instalando además, semáforos auditivos en los cruces de las avenidas más importantes. El ejemplo de la Escuela Nacional de Ciegos que funciona en un establecimiento en el oriente del Centro Histórico, resume la voluntad de las intervenciones, pues para facilitar su acceso se colocó una guía táctil en el pavimento a lo largo del trayecto desde las salida Zócalo del Sistema de Transporte Colectivo. Para mediados de 2013 se había intervenido exitosamente más de 60% de la superficie del Perímetro A del Centro Histórico.

Otro tema que estaba pendiente, era la rehabilitación de la red de servicio de energía eléctrica, que había sido implementada, con los mayores avances de su época, durante los años sesenta; se mantenía en servicio, pero era difícil expandirla. Entre 2008 y 2010, sucedieron recurrentes incidentes en los registros y bóvedas de la instalación eléctrica subterránea que funcionaba a bajo voltaje. Se tomó la decisión drástica de sustituir por completo la red eléctrica, implementando un sistema a media tensión, de mayor eficiencia y seguridad, mientras se conservaba por un término fijo la red antigua. Esta intervención de gran impacto, que se llevó a cabo con la aprobación extraordinaria de recursos del Gobierno Federal, coadyuvó a lograr el cambio sustantivo de la calidad de los servicios urbanos, que como hemos visto, impactó todos los sistemas que permiten el desarrollo de actividades con altos estándares de rendimiento. El resultado ha sido favorable pues la inversión privada volvió a tener interés en el parque inmobiliario del CHCM y ha invertido en proyectos productivos, aprovechando con respeto los edificios existentes, adecuando sus estructuras y espacios, dotándolos con servicios de calidad; aunque hay propietarios de inmuebles que, con la inercia de los usos y costumbres locales, se resisten a integrarse formalmente a la nueva infraestructura, pues requiere de formalidades que no siempre pueden cumplir. Esta circunstancia revela otro de los grandes problemas por resolver: la formalización y regularización de la propiedad inmobiliaria.

El rescate del CHCM como un sitio de esparcimiento ciudadano, se convirtió en emblema de vanguardia por medio de eventos de amplio impacto entre la población. Entre ellos, la Aldea Digital, donde se ofreció conectividad gratuita de alta velocidad, hasta 100 MB, en el Zócalo, atrayendo a los jóvenes y usuarios de redes sociales a interactuar en un sitio a la vez.

El cambio permanente es el elemento primordial para que un Centro Histórico sea capaz de mantenerse vigente. El CHCM ha asumido el objetivo de mantenerse fiel a su esencia que obtuvo el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio Mundial. Su toponimia lo expresa con el significado mitológico de su nombre: Lugar en el Ombligo de la Luna (Tibon 1980); donde los mexicanos reconocemos que nuestra nación tiene su origen, su motor, su más sensible sitio: su corazón. Para ello, ha sido indispensable llevar a cabo la transformación que permita responder a las aspiraciones del siglo XXI, marcado por el reconocimiento de los derechos y el avance tecnológico. Que un sitio antiguo sea capaz de cumplir los requisitos funcionales y operativos de hoy y del futuro, y ofrecer calidad de vida y reconocimiento de derechos a sus habitantes y visitantes, es la meta. El reto, que se entienda que esta transformación debe ser permanente, y que exige la inversión también continua y programada para ir cumpliendo las metas establecidas, siempre precisando sus objetivos y respondiendo a las circunstancias del momento. Que no se piense que los problemas fueron resueltos, que ya no es necesario seguir trabajando con ahínco. Son indispensables recursos permanentes destinados al desarrollo del CHCM y de cualquier otro centro histórico. Para cerrar, la última idea: intentemos llevar más allá el concepto "Intervenir los centros históricos", lleguemos al de "Desarrollar nuestros centros históricos".

 

Notas

1 Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, publicada en el diario Oficial de la Federación del 6 de mayo de 1972.

2 Publicado en el Diario Oficial de la Federación del 11 de abril de 1980.

3 Hay que recordar que en México, desde 1859, el presidente Benito Juárez decretó la Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos y de separación de la Iglesia y el Estado.

4 Gaceta Oficial del Distrito Federal del 7 de septiembre de 2000.

5 Plan Integral de Manejo del Centro Histórico de la Ciudad de México (2011-2016) pág. 13

6 Ver Km. cero núm. 50, septiembre 2012.

7 Entre otras cosas, quisiera dejar asentado que, por un lado, la población actual (2013) del Centro Histórico es de poco más de 34 mil habitantes, y que por otro, normalmente acuden a trabajar, comprar y pasear 900 mil personas, o hasta dos millones durante los eventos masivos.

8 Delgado René, Diario Reforma del 13 de diciembre de 2013.

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